Inflación en Argentina: una historia sin fin?

La inflación ha sido siempre un tema de preocupación en Argentina. El debate acerca de la inflación se remonta a los tiempos del modelo agro-exportador, 1880-1903, cuando Argentina vivió varios episodios inflacionarios. A pesar de la ausencia de datos, algunas estimaciones apuntan a una tasa de inflación anual por encima de 30% en 1889 y cercana al 50% en 1891 (Rapoport, 2010). El siguiente periodo de elevada inflación coincidió con el final de la Primera Guerra Mundial, cuando la tasa de inflación alcanzó 26% anual. Argentina era una economía abierta y tomó ventaja de los mercados internacionales para vender sus commodities a los países industrializados. La suba de los precios internacionales rápidamente se trasladó a los precios internos, agravado por las continuas depreciaciones de la moneda local y el empeoramiento de la balanza comercial. En los cincuenta y sesenta, malas políticas – incrementos de los  salarios nominales, déficits de la balanza de pagos, deliberados déficits públicos y continuas devaluaciones-, junto con algo de mala suerte -caída de los precios de los commodities–  provocaron la desaparición de la inversión y una aceleración de la inflación (Braun y Joy, 1968). La tasa de inflación anual promedio fue 30,4% en los cincuenta y 22,8% en los sesenta. En los setenta, Argentina sufrió una sucesión de gobiernos militares y democráticos con diferentes y poco o nada exitosos programas de estabilización, y en 1976 la inflación se ubicó en 347% anual. Los  ochenta fue la peor década, la inflación alcanzo 4.900% en 1989 y 1.300% en 1990. Durante los noventa, la inflación bajó a un dígito; sin embargo, una corrupción rampante y una crisis financiera en Asia y Rusia provocó una huída de capitales de la Argentina. En 2001, Argentina se declaró en default, fue la cesación de pagos más grande jamás llevada a cabo por un país, y la tasa de inflación se disparó a 40% en 2002. Luego de dos años con inflación de un dígito (2003 y 2004), ésta entró nuevamente en un sendero ascendente, ubicándose en 38,5% en 2014 y 29% en 2015, y con una inflación acumulada superior al 1000% en el periodo 2003-2015.

¿A cuánto ascenderá la inflación en 2016?

Pasados ya seis meses de la nueva gestión, el panorama no luce muy alentador. La inflación acumulada entre enero y mayo de 2016 se ubica bastante por encima de 20% y la tasa de inflación de los últimos 12 meses asciende a 43,6%. Ahora bien, significa esto que el año 2016 terminará con una inflación en el orden del 43,6% anual?

No hace falta recordar que, durante los primeros meses de este año, el Gobierno realizó numerosos ajustes en las tarifas de los servicios públicos, lo cual terminó impactando y mucho en el Índice de Precios al Consumidor (IPC). Sin embargo, estos aumentos fueron por única vez y no deberían tenerse en cuenta para analizar cuál será la evolución de la inflación en lo que queda del año. Para ello, uno debe mirar lo que se denomina inflación núcleo o subyacente que difiere del aumento del IPC. La inflación núcleo es aquella que no tiene en cuenta los incrementos en las tarifas de servicios púbicos, de los combustibles o de los bienes estacionales como frutas y verduras. Si nos enfocamos en ésta última, se observa una desaceleración de la inflación en los meses de mayo y junio lo cual nos permite anticipar una desaceleración de la inflación para la segunda parte del año. Sin embargo, no debemos esperar una reducción drástica de la inflación.

Si bien el Banco Central de la República Argentina, quien tiene a su cargo la difícil misión de bajar la tasa de inflación, está haciendo los deberes, enfrenta algunas restricciones que impedirán cerrar el año 2016 con una inflación menor al 35% anual.

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