Balance 2017 y desafíos que determinarán el éxito o el fracaso del gradualismo

Cierra el segundo año de la gestión de Cambiemos, un año en el que el Gobierno Nacional esperaba,  tal y como se desprende del Presupuesto 2017, obtener mejores resultados. Es cierto que las principales variables macroeconómicas mostrarán una mejora con respecto a 2016; sin embargo, en esto mucho tiene que ver el mal desempeño de la economía argentina durante el año pasado. Concretamente, para el Gobierno Nacional la economía crecería 3,5% este año; la variación anual del índice de precios al consumidor (promedio) sería 19,4%; el déficit fiscal (primario) se ubicaría en 4,2% del PBI; y el déficit de la balanza comercial no superaría los 1.866 millones de dólares; entre otros resultados esperados.

A punto de finalizar 2017, ¿qué se logró y qué queda pendiente?

El 3,5% de crecimiento previsto para la economía estaría liderado por una lluvia de inversiones. Una lluvia de inversiones que tardó en llegar. De los 729 proyectos de inversión anunciados entre el 11 de diciembre de 2015 y el 31 de octubre de 2017 -por un monto de 79.300 millones de dólares-, sólo se ha ejecutado una pequeña parte, mientras que en su mayoría estos proyectos están aún en ejecución. Si bien la inversión está liderando el crecimiento, ésta tomó impulso a partir del segundo trimestre y se aceleró en el tercero. Esta demora se debió a varios motivos: muchos de estos anuncios corresponden a sectores que requieren un horizonte de inversión a largo plazo (como la minería y energía) y aún están en las primeras etapas del proyecto; el Gobierno corrigió algunas distorsiones de manera gradual, creando desconfianza; y las elecciones legislativas de medio término generaron incertidumbre con respecto a la continuidad de las medidas tomadas. Según el Resultado del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), se espera que el crecimiento de este año se ubique algo por debajo del 3%.

La inflación en 2017 se ubicará en torno al 24% (según el REM), bastante por debajo del 40,3% del año pasado -máxime considerando el ajuste tarifario que hubo-, pero bastante lejos de lo plasmado en el Presupuesto 2017 y de lo estipulado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), entre 12% y 17%.

Con respecto al déficit fiscal, todo parece indicar que el Gobierno cumplirá con la meta del 4,2% en términos del PBI (déficit primario). Sin embargo, preocupa el déficit financiero por el incremento de los intereses de la deuda, 149% interanual en noviembre y 83% en el acumulado de enero a noviembre, según indica el Ministerio de Hacienda en su informe de noviembre.

Finalmente, el déficit de la balanza comercial se ubicó en 1.541 millones de dólares en noviembre y en 7.656 millones de dólares en el acumulado del año, según publicó el INDEC en su último informe.

Estas variables no cerrarán el año de acuerdo a los objetivos que se había propuesto el Gobierno Nacional. Aún así, 2017 será un año mejor, en términos generales, que 2016 sobre todo porque el año pasado fue un año malo en materia económica para Argentina. Con respecto a 2018, el Gobierno Nacional espera que sea mejor que el año que está finalizando y así lo plasmó en su Presupuesto 2018: crecimiento de 3,5% nuevamente liderado por la inversión (aunque según el REM, el crecimiento será en torno al 3,1%); inflación promedio de 15,7% (algo menor que el 16,6% esperado por el REM); déficit fiscal primario de 3,2% del PBI y un déficit comercial de 4.500 millones de dólares.

Los dos grandes desafíos que enfrentará el Gobierno el año próximo, y que no pudo resolver este año, son reducir el gasto público y reactivar las exportaciones. Con respecto al primer punto, se ha propuesto reducir el gasto primario de la Administración Pública Nacional (en % del PBI) en 1,5 puntos porcentuales este año y en 1 punto porcentual adicional el año próximo. Sin embargo, el camino elegido por el Gobierno le ha dificultado esta reducción del gasto: reducirlo gradualmente, eliminando subsidios a las tarifas junto con una mejora de la recaudación vía crecimiento de la economía (impulsado por la obra pública). Con respecto al segundo punto, el Gobierno optó por mejorar la competitividad de la economía vía inversión en infraestructura (mejoras en puertos, aeropuertos y rutas, entre otras), y no a través del tipo de cambio. En definitiva, el Gobierno apuesta a conseguir mejoras en el mediano plazo y los resultados que se logren en esta segunda etapa de la gestión, determinarán el éxito o el fracaso de tal decisión.

Publicada en El Cronista

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