BCRA: sin metas de inflación ni estrategias de comunicación

Luego del acuerdo firmado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central (BCRA) ratificó la política monetaria de metas de inflación con la tasa de interés como instrumento y el esquema de flotación cambiaria con intervenciones eventuales ante dinámicas disruptivas.

Asimismo, se buscaba fortalecer la autonomía del BCRA mediante la eliminación de las transferencias al Tesoro, la recompra de Letras Intransferibles por parte del mismo y el compromiso por parte del Poder Ejecutivo de elevar al Congreso un proyecto de reforma a la Carta Orgánica para consolidar el funcionamiento de un BCRA más independiente.

Dado los malos resultados en materia de inflación, parece lógico borrar la(s) meta(s) prevista(s) para este año. Es que según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) de mayo, los analistas e instituciones participantes del mismo esperan que la inflación en 2018 se ubique en torno al 27,1%. Este resultado indica un nuevo aumento en las expectativas de inflación para este año, expectativas que se vienen corrigiendo al alza desde mayo de 2017 (13 meses consecutivos). Con respecto al relevamiento del mes anterior, las expectativas de inflación para 2018 aumentaron 5,1 puntos porcentuales.

La inflación de mayo fue de 2,1% y la acumulada en lo que va de 2018 es de casi 12% y según el BCRA los indicadores de alta frecuencia de fuentes estatales y privadas muestran una aceleración de la inflación de junio, motivo por el cual el BCRA decidió mantener su tasa de política monetaria en el 40% (esta tasa se fijó el 4 de mayo cuando el Consejo de Política Monetaria del BCRA y su Directorio decidieron tomar medidas para estabilizar el mercado).

Lo que no parece lógico es el andar y desandar en materia cambiaria. Desde el BCRA se afirmó que se dejaría de ofrecer los 5.000 millones de dólares diarios para fijar un techo al dólar, cercano a los $25, y que sólo intervendría en caso de notar movimientos disruptivos en el tipo de cambio.

Sin embargo, la flotación pura apenas duró dos días ya que el BCRA salió a vender divisas frente al salto del tipo de cambio. Una parte, menor, de este incremento en el valor de la moneda puede deberse a movimientos disruptivos motivados por una mayor demanda de dólares por parte de familias y empresas que buscan dolarizarse y protegerse contra una inflación que se acelera, y que además la historia les ha enseñado a apostar por el dólar, más aún en  un contexto de alta volatilidad. Pero la mayor parte de la suba se debe al fortalecimiento del dólar a nivel mundial, algo que no debería considerarse como disruptivo dado que se produjo un debilitamiento de las monedas de los países emergentes en general y no de la moneda argentina en particular. A esto se suma la reciente suba de la tasa de interés de referencia por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos, lo que genera más presión sobre el tipo de cambio (con al menos dos subas adicionales contempladas para lo que queda de este año).

Ante tales hechos, el BCRA dio marcha atrás en su intención de no intervenir en el mercado cambiario y comunicó que continuará haciéndolo hasta el 20 de junio, día en que se recibirá el primer desembolso de los fondos provenientes del FMI. Asimismo, el Gobierno aseguró que parte de esos fondos (7.500 millones de dólares) se destinará a cubrir el déficit fiscal del tercer trimestre y de esta manera se volcarán esos dólares al mercado cambiario. Este anuncio sirvió para calmar al mercado, pero sólo transitoriamente porque las intervenciones del BCRA en las últimas jornadas confundieron a los analistas y el dólar retomó su tendencia alcista.

Desde hace tiempo la estrategia de comunicación del BCRA vine fallando. El BCRA estaba enviando señales contradictorias y esto fue percibido por el mercado. Si bien en las últimas semanas se mantuvo firme en su lucha contra la inflación, vía tasa de interés como instrumento, mostró un comportamiento errático en el mercado cambiario. Este comportamiento tuvo sus costos en términos de credibilidad y terminó con la salida de Federico Sturzenegger del BCRA. No se puede culpar al mercado por las dinámicas disruptivas que el propio BCRA generó con su intervención. Tal y como se desprende de un reciente informe del FMI, “para un banco central, una estrategia de comunicación eficaz no depende exclusivamente de la cantidad de información divulgada, sino que la calidad y la claridad del mensaje también importan”.

Publicada en El Cronista