El Banco Central y la inflación: nuevas medidas para un viejo problema

Desde la llegada de Luis Caputo a la presidencia del Banco Central (BCRA) se han anunciado algunos cambios en materia de política monetaria. Es que la inflación en los últimos meses, lejos de estar transitando por un sendero descendente, se ha acelerado. El índice de precios al consumidor (IPC) en junio mostró una variación de 3,7% (la segunda más alta de la gestión cambiemos) y acumula 16% en el primer semestre de 2018. En esta primera mitad del año ya quedaron atrás la meta original de inflación del 10% (+-2) fijada por el BCRA para este año, la inflación promedio del 15,7% establecida en el Presupuesto 2018, e incluso la meta del 15% recalibrada por el equipo económico en conferencia de prensa el 28 de diciembre de 2017.

Producto de la aceleración de la inflación en el mes de junio, es que el BCRA decidió mantener sin cambios su tasa de política monetaria en 40%, como se desprende de su último comunicado de política monetaria. Recordemos que la tasa de referencia es la tasa de interés central del “corredor” de pases en pesos a siete días de plazo. Este corredor toma como piso la tasa de interés de pases pasivos (a la cual el BCRA recibe depósitos de las entidades financieras), y como techo la tasa de pases activos (a la cual el BCRA presta fondos a las entidades financieras), ambas a siete días de plazo.

El BCRA justificó su decisión de mantener la tasa de política monetaria por la aceleración de la inflación sufrida por los efectos directos e indirectos de la inestabilidad cambiaria. Asimismo, complementó su justificación con los malos datos de actividad económica de abril (producto de la sequía) y de mayo (producto de la mayor inflación) y con el aumento de las expectativas de inflación del mercado. Es que según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), la inflación esperada (nivel general) para 2018 subió de 27,1% en mayo a 30% en junio (+2,9 puntos porcentuales), la inflación núcleo anual aumentó de 25,1% a 28,2% (+3,1 puntos porcentuales) y la inflación esperada para los próximos 12 meses pasó de 22,2% a 24,2% (+2 puntos porcentuales). Las expectativas del mercado vienen corrigiéndose al alza ininterrumpidamente desde hace 14 meses (desde mayo de 2017) y esta última corrección ha sido la más importante, incluso mayor a la que se produjo luego de la conferencia de prensa de fines de 2017.

En línea con lo anterior, y con el objetivo de que la inflación finalmente inicie un sendero descendente, el BCRA ha tomado una serie de medidas adicionales. Entre las nuevas medidas se encuentran monitorear una base monetaria más amplia que incluye todos los pasivos del BCRA con los bancos y el bono 2020 del Tesoro Nacional; incrementar los encajes legales; reducir paulatinamente el stock de LEBACS (con activa intervención en el mercado secundario); consolidar el funcionamiento del Consejo de Política Monetaria que pasará de ser un órgano asesor a uno resolutivo (y además publicará en los comunicados de política monetaria el resultado de la votación de sus miembros); y disminuir la frecuencia de toma de decisión de política monetaria de 2 a 1 vez al mes.

El esquema propuesto por el actual presidente del BCRA, de metas de inflación complementado por el seguimiento de agregados monetarios, que apunta a lograr una mayor consistencia entre la política monetaria (meta de inflación), la inflación esperada y la trayectoria de la inflación difiere del esquema propuesto por el anterior presidente del BCRA. Sin embargo, un punto en común entre el actual y el anterior presidente del BCRA es que aún no se observa un claro proceso de desinflación que permita reducir la tasa de política monetaria. Tal es así que desde finales de abril el BCRA ha aumentado la tasa de política monetaria en tres oportunidades, situándola en 40% desde principios de mayo.

Si bien los resultados del REM proyectan un sendero de desinflación a partir de julio, habrá que esperar para ver si estas nuevas medidas logran finalmente que expectativas e inflación comiencen a alinearse en el segundo semestre y se acerquen a la meta del 17% de inflación prevista por el Gobierno para 2019. Meta que está 3,2 puntos porcentuales por debajo de la expectativa de inflación del REM de junio, que la ubica hacia finales del año próximo en 20,2%. Más allá de algunas críticas que pueda suscitar el REM, del mismo se desprende que la trayectoria de la inflación y la inflación esperada lejos están aún de alinearse con la meta de diciembre de 2019.

Publicada en El Cronista