El Gobierno ante la encrucijada del año electoral y el acuerdo con el FMI

No hacen falta cuadernos para tapar la realidad económica que atraviesa hoy el país. Desde el segundo trimestre de este año algunos indicadores económicos vienen mostrando un estancamiento de la economía argentina, un estancamiento que podría extenderse más allá del tercer trimestre.

Sin embargo, en los primeros tres meses de 2018 muchos indicadores mostraban buen desempeño. La inversión creció 18,3% interanual, el consumo 4,1% y las exportaciones 6,4%. Además, indicadores como el Estimador Mensual de Actividad Económica y el Estimador Mensual Industrial llevaban, respectivamente, 13 y 12 meses continuados de crecimiento interanual. No obstante, esto se veía opacado por unos salarios que comenzaban a perder poder de compra frente a la aceleración de la inflación.

A partir de la última semana del mes de abril, se produjo un punto de inflexión y una combinación de factores externos e internos (mala suerte y malas políticas) llevaron a la Argentina a transitar por un sendero de inestabilidad, aún hoy. Entre los primeros, la suba de tasas por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos debido al fortalecimiento de la economía del país del norte que originó una salida de capitales de los países emergentes. Entre los segundos, el impuesto a la renta financiera para inversores extranjeros que entraba en vigencia a partir de la reforma tributaria agravó esta salida de capitales en nuestro país. Sin embargo, los factores externos sólo precipitaron los acontecimientos que tarde o temprano aparecerían, fueron los factores internos los que hicieron que el dólar saltara más en nuestro país que en cualquiera de nuestros vecinos.

Argentina sigue mostrando debilidad frente a contextos externos adversos. La crisis diplomática, política y económica en Turquía lo demostró. En los últimos días, las dos monedas más golpeadas por este evento fueron la lira turca y el peso argentino.

El Banco Central ha tomado una serie de medidas – aumentó 5 puntos porcentuales la tasa de política monetaria, ubicándola en 45%; subió 3 puntos porcentuales los encajes bancarios en pesos; colocó LETES; y ofertó unos cuantos millones de dólares – para evitar saltos bruscos del dólar y evitar más presión sobre los precios.

Todo esto, sumado a la incertidumbre que generan los cuadernos por la posible paralización de la obra pública, prolongará el enfriamiento de la economía más allá del tercer trimestre y difícilmente la economía argentina crezca en 2018. Si lo hace, lo hará a una tasa muy baja -los más optimistas hablan de un crecimiento de algo menos de medio punto-.

¿Qué pasará el año próximo?

En años electorales afloran los incentivos para desviarse del largo plazo. La economía queda supeditada, aún más, a la política. Se dejan de lado las reformas estructurales necesarias para centrarse en medidas cortoplacistas que permitan alcanzar un resultado electoral.

Recordemos que en los años 2013, 2015 y 2017 el consumo motorizó la economía, esto fue posible gracias a que los salarios superaron entre 3% y 5% a la inflación, aunque el año pasado fue la inversión –ligada a la obra pública-  la que lideró el crecimiento económico.

No será fácil para el Gobierno mostrar buenos resultados el año próximo, sobre todo cuando le será difícil apostar por el consumo como motor. Desde abril se ha producido una aceleración de la inflación que la aleja de la meta del 17% fijada para el año 2019. Además, el Gobierno anunció un recorte de la obra pública a lo que se suman medidas recientes como la disminución de los reintegros a las exportaciones, la suspensión de la baja de los derechos de exportación para aceites y harinas de soja, y la eliminación del fondo federal solidario, todo ello con la intención de seguir reduciendo el déficit fiscal primario. Todo esto signado en el marco del acuerdo con el FMI, un acuerdo que acota el margen de desvío del Gobierno, a pesar del año electoral, y lo compromete a resolver uno de los problemas estructurales de nuestro país -déficit fiscal-, aunque ello implique poner en riesgo su reelección.

Publicada en El Cronista