El Gobierno quiere arreglar la economía con recetas que ya fracasaron

A pocos días de implementadas las medidas económicas y sociales, la incertidumbre envuelve a nuestro país. Incertidumbre no sólo en lo político sino también en lo económico.

Ha corrido mucha agua bajo el puente desde que el Gobierno anunciara el paquete de medidas que buscan “traer un poco de alivio a los argentinos, que tantos esfuerzos hicieron en estos meses difíciles para todos”. Recordemos que entre las medidas destacan un acuerdo de precios; beneficios y créditos para beneficiaros de la ANSES; congelamiento de tarifas de los servicios públicos; descuentos y beneficios sociales para beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo; y un plan de apoyo para las pymes.

El Gobierno lanzó estas medidas con el objetivo de “profundizar la lucha contra la inflación y ayudar a reactivar la economía”. Afirmación que fuera luego matizada por el Ministro de Producción y Trabajo Dante Sica, quien señaló que “el programa antiinflacionario no se basa en el acuerdo de precios” y que éstas son medidas para “aliviar” los efectos de la inflación” en el corto plazo.

Casi en paralelo, el Banco Central (BCRA) había anunciado algunos cambios en el funcionamiento de su esquema monetario para reforzar el proceso de desinflación futura. Congeló los límites de la zona de no intervención (ZNI), límite inferior en $39,75 y límite superior en $51,44, hasta finales de este año y se comprometió a no comprar dólares si el tipo de cambio perfora el piso de la ZNI, hasta finales de junio de este año.

Sin embargo, las medias anunciadas por el Gobierno generaron incertidumbre que sumado a la difusión de algunas encuestas llevó al riesgo país a superar los 1.000 puntos, aunque luego bajara, y al tipo de cambio a acercarse peligrosamente al techo de la ZNI. Por este motivo, y dos semanas después de aquellos anuncios, el BCRA volvió a modificar el esquema monetario-cambiario producto de la volatilidad cambiaria. El BCRA anunció que intervendrá dentro y fuera de la ZNI para reducir más agresivamente la cantidad de pesos, al tiempo que incrementará a 250 millones de dólares el monto de ventas diarias si el tipo de cambio se ubica por encima del techo, pudiendo realizar intervenciones adicionales para contrarrestar episodios de excesiva volatilidad si lo considera necesario. De todos modos, la volatilidad continuará y se acrecentará a medida que nos acerquemos a las elecciones.

Si bien se esperaba cierta desaceleración de la inflación a partir del mes de mayo, el mal dato de inflación de marzo junto a la mayor volatilidad mostrada por el tipo de cambio empujó a las autoridades a implementar esas recetas que suelen aplicarse en nuestro país cuando se quiere lograr una recuperación (artificial) de la economía.

Estamos transitando un año electoral y el Gobierno busca estabilizar la macroeconomía al menos hasta octubre y para ello acudió a viejas y equivocadas recetas que le permitan llegar con algo más de oxígeno a las elecciones. Sin embargo, los acuerdos de precios, el congelamiento de tarifas o pisar el tipo de cambio no son herramientas útiles para luchar contra la inflación y tampoco para reactivar la economía. Estas medidas ya fueron implementadas en gestiones anteriores y a pesar de ello la inflación anual promedió 14% durante la presidencia de Néstor Kirchner; 22% durante el primer mandato de Cristina Fernández; 30% durante su segundo mandato; y casi 38% anual en lo que va de la actual gestión.

Estas medidas podrán contribuir a apuntalar el consumo en el corto plazo, podrán ayudar a hacer algo más llevadera la crisis, e incluso podrán traer algo de alivio a los bolsillos hasta octubre. Sin embargo, éstas no atacan la causa de la inflación. No hacen más que ocultar el problema e incluso agravarlo, ya que afectan las metas fiscales (en algún momento habrá que actualizar nuevamente las tarifas). La única forma de luchar contra la inflación, y reactivar la economía, es bajando más el gasto público, algo que parece poco probable en un año electoral.

Publicada en Infobae

Author: Pablo F. Salvador