Nuevo gobierno, viejos caminos

Afortunadamente finalizó el trayecto que recorría desde las primarias del 11 de agosto a las generales del 27 de octubre. Un camino largo, sinuoso y de difícil tránsito.

Sin embargo, el tramo que resta hasta el 10 de diciembre no será menos tortuoso. Es que en los próximos días vence el plazo de las medidas anunciadas por el actual gobierno para contrarrestar el impacto de la devaluación post elecciones primarias. Se revertirán las reducciones de impuestos, se descongelarán algunos precios como ya ocurrió con el de los combustibles que tendrá su impacto en el transporte y en el precio de los alimentos, y habrá incrementos de prepagas, telefonía celular, y tarifas de algunos servicios públicos, entre otros.

Asimismo, en los últimos meses se produjo una aceleración de la inflación y un deterioro del déficit fiscal y en estas últimas semanas el Banco Central (BCRA) endureció aún más el control de cambios para proteger las reservas. El BCRA está aprovechando el torniquete cambiario para desarmar la “bola de nieve” de las Letras de Liquidez (LELIQ). En este sentido, modificó el límite inferior de la tasa de interés de las LELIQ y estableció una nueva meta de crecimiento de la base monetaria para noviembre. Esto presionará sobre el mercado paralelo del dólar y sobre el nivel general de precios, acelerando aún más la inflación.

Ante este panorama, el nuevo Gobierno deberá elegir, a partir del 10 de diciembre, entre dos alternativas ya conocidas, transitar por el camino corto o hacerlo por el largo.

El camino corto consiste en estimular el consumo, congelar las tarifas de los servicios públicos, mantener el dólar planchado, y alcanzar acuerdos para fijar precios y salarios por un plazo determinado. Lamentablemente este es un camino que nunca nos llevó, ni nos llevará, a ninguna parte. Solo nos llevará al lugar de donde partimos para volver a empezar. Por este camino no se atacan los problemas de fondo que hoy tiene nuestro país, simplemente se los posterga.

La otra opción, el camino largo, es el de las reformas estructurales. Reformas que implican sacrificio y que generan rechazo por parte de la población. Reformas que disminuyan el peso del gasto público en la economía, reformas que aumenten la productividad y reformas que reduzcan la elevada presión fiscal, sobre todo para las pymes que son las generadoras de empleo. Además, será necesaria una buena negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para poder honrar las deudas. Un camino largo y no exento de sacrificios.

El nuevo gobierno tendrá por delante un desafío muy importante, volver a poner a la Argentina en la senda del crecimiento, pero para ello deberá hacer las cosas bien. Esto implica no sólo elegir el camino correcto por el cual debe transitar Argentina, sino también acompañar este tránsito con el anuncio de un plan económico consistente y creíble, para lo cual será fundamental designar a quien estará al mando de dicho plan.

Esto ayudaría a reducir la incertidumbre y las especulaciones en torno al futuro económico de Argentina. En las últimas semanas se han escuchado algunas contradicciones dentro del propio equipo técnico del futuro gobierno y hay temor por un posible retorno a las políticas del pasado (el camino corto).

El camino largo es el único que asegura transitar por el sendero de la estabilidad macroeconómica, el crecimiento de la economía y la generación de empleo. Si el Gobierno opta por éste, tampoco será sencilla esta etapa que comenzaremos a transitar a partir del 10 de diciembre. Hará falta una muy buena comunicación por parte del Gobierno. Será necesario hacerle saber a la población que lo que viene por delante no serán días felices, que habrá que hacer sacrificios y que no hay otro camino. La solución no pasa por poner dinero en el bolsillo de la gente. La solución pasa por hacer las reformas que requiere la economía para poder crecer y dejar atrás décadas de estancamiento. Si se elige el camino corto, el bienestar llegará antes pero será efímero.

Publicada en El Cronista

Author: Pablo F. Salvador