Los controles sobre el tipo de cambio y las dudas sobre el futuro

Entre agosto y octubre del año pasado el Banco Central (BCRA) perdió reservas por 23.331 millones de dólares. A su vez, en estos tres meses el tipo de cambio mayorista saltó $15 (+35%) y el minorista $18 (+39%).

Para frenar este drenaje de reservas y atenuar la volatilidad del tipo de cambio, el BCRA implementó en setiembre el control de cambios (CEPO). Se atacó la demanda de dólares permitiendo a las personas comprar hasta 10.000 dólares mensuales y transferir fondos hasta ese monto a cuentas del exterior no propias. A las empresas e instituciones se les impidió comprar dólares para atesorar. También se apuntó a la oferta de divisas, obligando a exportadores de bienes y servicios a liquidar sus dólares como máximo cinco días hábiles después del cobro (abriéndolo en enero para aquellas empresas que quieran girar utilidades al exterior).

El BCRA logró, así, mantener la estabilidad cambiaria durante el último trimestre de 2019. Aunque siguió perdiendo reservas, 4.443 millones de dólares en setiembre y 5.228 millones en octubre. Mes en el que endureció el CEPO, limitando a 200 dólares la compra mensual con débito a cuenta en pesos. A finales de diciembre el nuevo Gobierno añadió un gravamen del 30% sobre la compra de moneda extranjera.

Estas medidas le han permitido al BCRA no sólo frenar el drenaje de reservas sino recomponer parte de su stock. Recomposición fue posible gracias a la mayor liquidación de divisas por parte de los agroexportadores. Según la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC), las empresas del sector liquidaron en el último bimestre del año pasado 4.400 millones de dólares, 140% más que en el mismo bimestre de 2018.

La contra cara de esta compra de dólares ha sido la emisión de pesos. A la que hay que añadir la emisión para financiar al Tesoro en forma de adelantos transitorios, sobre todo, durante noviembre y diciembre y la expansión monetaria por intereses de las LELIQ.

Esta mayor emisión se vio en parte reflejada en la inflación de noviembre, no así en los dos meses siguientes debido al aumento estacional de la demanda de dinero en estos meses de verano. Sin embargo, de acuerdo a sus lineamientos de política monetaria, el BCRA continuará asistiendo excepcionalmente al Tesoro “tanto en la eventualidad de pagos de deuda al exterior como, de ser estrictamente necesario y bajo límites prudentes que respeten el equilibrio en el mercado monetario, financiamientos en moneda local”, a la vez que promoverá “una expansión prudente de los agregados monetarios, evitando desequilibrios que afecten en forma directa o indirecta al proceso inflacionario”.

El BCRA apuesta a estos lineamientos y a las políticas adoptadas por el Gobierno para definir “un nuevo encuadre macroeconómico sustentado en la recuperación del mercado interno y el crecimiento de las exportaciones, induciendo aumentos en la inversión y la productividad, lo que permitirá conjugar la expansión de la demanda y el empleo con la transformación productiva necesaria para darle continuidad en el tiempo”.

Sin embargo, se termina el verano y con ello cae la demanda de dinero. El BCRA tuvo que vender reservas en los últimos días de enero para contener la cotización del dólar. Urge que el Gobierno anuncie un plan económico, integral y consistente. Un plan que despeje dudas, elimine la incertidumbre y genere confianza. De lo contrario, difícilmente se produzca un cambio de tendencia en la demanda de dinero y en los próximos meses el BCRA continúe perdiendo reservas, siga ampliándose la brecha cambiaria entre el dólar oficial y las cotizaciones alternativas, y se acelere la inflación.

Publicada en La Nación

Author: Pablo F. Salvador