Sostener el aparato productivo a cambio de una aceleración inflacionaria

Existe mucha preocupación acerca del impacto que tendrá la cuarentena en la economía argentina. El Gobierno apostó por el aspecto sanitario de la pandemia, postergando el aspecto económico.

Es válida esta preocupación por la salud de los argentinos y coincido en que en esta primera etapa era necesaria una cuarentena estricta para aislar a la población. Sin embargo, ha llegado el momento de comenzar a pensar en el día después de la cuarentena. No podemos llegar a ese día sin un plan.

Independientemente de la estrategia adoptada por los países para enfrentar la pandemia, confinamiento total o parcial, está caro que todos en mayor o menor medida han visto afectadas sus economías. Sin embargo, el golpe que asestará esta pandemia a Argentina será mucho más fuerte que en otros países. Tal y como sucede casi siempre con los shocks externos.

La economía argentina es muy vulnerable. Estos golpes siempre nos encuentran mal parados, tambaleando, debido a que a lo largo de los años no se han construido los cimientos necesarios que nos permitan afrontar estos cimbronazos externos en mejores condiciones. Aunque es cierto que este no es un cimbronazo cualquiera, es uno sin precedentes.

¿Por qué este shock encuentra a Argentina mal parada?

Según datos del INDEC, en enero la economía cayó 1,8% en términos interanuales. En 30 de los 61 meses que van de enero de 2015 a enero de 2020, este indicador mostró un comportamiento negativo.

Por otra parte, el número de trabajadores registrados cayó 0,7% en enero de 2020 comparado con igual mes del año anterior. Es decir, se perdieron casi 89.000 empleos registrados en 12 meses. Lo más grave es que se redujo el número de asalariados privados, 2,5%, y el número de autónomos, 2,8%; mientras que aumentó el número de asalariados púbicos, 1%. Mismo patrón que el observado entre noviembre de 2015 y noviembre de 2019.

La recaudación tributaria viene creciendo entre 10 y 15 puntos porcentuales por debajo de la inflación en los tres primeros meses de este año. Con un mal desempeño de los impuestos relacionados con el consumo, la actividad económica, y el empleo.

Una inflación que en marzo volvió a acelerarse, 3,3%, ubicándose en 48% en términos interanuales y acumulando casi 8% en el primer trimestre.

Por lo tanto, el panorama era ya complejo antes de la implantación de la cuarentena. Todos estos problemas se han agravado en las últimas semanas y seguirán agravándose hasta tanto no se levante la cuarentena. En este sentido, es necesario que el Gobierno realice todo el esfuerzo que esté a su disposición para evitar una profundización aún mayor de la crisis económica.

Lamentablemente, el Gobierno argentino cuenta hoy con muy pocas herramientas para poder hacer frente a esta crisis. El endeudamiento no es una opción, en medio de la renegociación de la deuda y luego de haber postergado para 2021 el pago de bonos en dólares emitidos bajo ley nacional. Bajar, o al menos postergar, impuestos sería de gran ayuda en estos momentos, pero esto parece no ser una opción para el Gobierno. Tampoco debería serlo subir o crear nuevos impuestos.

La única herramienta con la que cuenta el Gobierno es la emisión monetaria. Una emisión que se ha acelerado en las últimas semanas y que continuará haciéndolo porque el Gobierno deberá emitir pesos para sostener a los sectores más golpeados. Deberá focalizarse en el sector privado, el que produce y genera trabajo, sobre todo pequeñas empresas y trabajadores independientes. Deberá buscar que al menos se mantengan los niveles de producción y evitar un cierre masivo de empresas y la pérdida de numerosos puestos de trabajo, con el consiguiente aumento del desempleo y el empeoramiento de los indicadores de indigencia y pobreza. Aunque todo esto redundará indefectiblemente en una aceleración de la inflación.

Publicada en El Cronista

Author: Pablo F. Salvador